· Publicado en Ayuda al Desarrollo

Raquel Martí, directora de UNRWA España, califica de “catastrófica” la situación de Yarmouk

Raquel Martí, directora de UNRWA España, califica de “catastrófica” la situación de Yarmouk

Con motivo de la presentación de la exposición de la UNRWA en Sevilla “El Largo Viaje”, Raquel Martí ha destacado de forma especial la situación que están viviendo en la actualidad los refugiados palestinos en Yarmouk (Siria), donde más de medio millón de palestinos se encuentran en terribles circunstancias.

Los campos de refugiados de Palestina en Siria llevan siendo atendidos por UNRWA desde principios de los años 50 donde se encuentran 3500 trabajadores de esta Agencia. Declarado como zona de emergencia, al igual que Gaza el “personal se encuentra concienciado y capacitado para atender a los palestinos que están sufriendo ataques y bombardeos”, asegura Martí.

Raquel apunta que los refugiados de Palestina tienen la condición de ser doblemente refugiados en el país de Siria. “Los que han conseguido escapar de aquella situación, han tenido que volver en muchas ocasiones por las terribles dificultades para vivir en otro país donde tenían que pagar visado de turista”. Además, a los refugiados procedentes de Palestina les tienen prohibido el “derecho al trabajo” en otros países, una situación que no le sucede a los refugiados procedentes de otros países. 

En Siria, la UNRWA está acoger a la población desplazada en sus colegios, igual que a la población de Gaza. Más de la mitad de los refugiados en Palestina se encontraban en Damasco, el lugar donde tienen más población acogida. Según la directora de la Agencia para los Refugiados de Palestina afirma que las circunstancias de vida en los colegios son terribles: “ha familias que llevan cuatro años en estas instalaciones que no están adaptadas para poder vivir aquí. No hay suficientes baños, suficientes duchas, ni cocinas habilitadas para abastecer de comida caliente al conjunto de la población que se encuentra allí”.

Desde UNRWA se está distribuyendo dinero en efectivo, algo que no es entendido en España, según Martí, pero que está justificado para garantizar la protección de la población receptora de estas ayudas. “Consideramos que no es solo un tema de dignidad, de dejar elegir a la persona qué quiere hacer con el dinero que le estamos dando para cubrir sus necesidades básicas, sino que también es un tema de protección. En Siria funciona muy bien una red de distribución de dinero, lo que permite no poner en riesgo la vida de la familia de desplazarse hasta los centros de la UNRWA ni a los propios trabajadores de tener que ir hasta esta zona de conflicto. Con ese dinero la familia elige si necesita verdura fresca que puede adquirir en el mercado o si necesita pañales o algún otro bien de primera necesidad básica”.

En su labor diaria, el trabajo de la UNRWA se encuentra centrado en el reparto de colchones, de kits para los ancianos y para los bebés. Además están abriendo centros de salud para la población y sobre todo están intentando mantener la vacunación para toda la población infantil, para evitar el avance de enfermedades como la polio.

Yarmouk es un campo que se encuentra al sur de Damasco. Hoy en día, tras 67 años se ha convertido en una barriada de Damasco, donde no solamente vivían 160.000 palestinos sino que se encontraban más de 600.000 sirios. “Era el centro cultural, el centro de la vida de los palestinos en Siria, pero también era una zona rica en comercio, con un mercado grandísimo. Muchos colegios, clínicas”, apunta Martí.

En el año 2012, tras la entrada de los grupos armados en el campo, el gobierno sirio comienza a bombardear los campos de refugiados, con la población civil que se encuentra en su interior, provocando un nuevo éxodo de todos los que han podido escapar de los ataques. Sin embargo, según Raquel Martí, aún siguen en la zona más de 18.000 personas, entre discapacitados, ancianos y bebés, y todos aquellos que no consiguieron salir de Yarmouk, por su complicada situación.

La falta de entrada de alimentos

Durante seis meses se negó la entrada a la UNRWA al campo de refugiados de Yarmouk, donde había muerto más de un centenar de personas por inanición. Martí apunta que “la gente estaba totalmente desesperada hasta el el punto de que nos fue prácticamente imposible distribuir la ayuda”. 

El campo de Yarmouk lleva más de un año sin electricidad. No tiene agua potable, al haber sido bombardeadas las instalaciones básicas y durante el invierno "la población llegó a tener que quemar los muebles y la ropa que le quedaba parapoder calentarse", afirma Martí. 

 

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